jueves, 1 de enero de 2009

Comienzo del Año 2009

Al comenzar el año nos deseamos mutuamente que se cumplan nuestros anhelos, nuestros sueños...
Los "sueños" y no se me ocurre otra palabra que sintetize proyectos, sueños de renovación, esperanzas y toda la carga de deseos que queremos lograr, de hechos contingentes que sabemos conforman nuestras historias personales y que traccionan la cotidianeidad de nuestra existencia.
Sin embargo y también, el paso de los años nos plantea el encuentro del límite, de la derrota, de la postergación, de la sensación de fracaso (?) que alimentan sin embargo la esperanza de que, quien sabe, a lo mejor en el año siguiente se cumplirá, porque no hemos bajado los brazos.
Algo así le pasó a Abraham de Ur de Caldea, quien un buen día se puso en marcha detrás de un sueño, de una experiencia religiosa junto a un árbol sagrado, el relato bíblico en sus distintas tradiciones es muy rico en imágenes. Esa "promesa" lo movilizó interiormente, debía marchar al lugar que Dios le indicó.
En su caminar experimentó un poco de todo, no tan diferente al nuestro, abundancia (ganado y oro), hambre, miedos, exilios, separaciones (Lot su sobrino), violencias, alegrías (el hijo Isaac), muerte (Sara su esposa), etc. pero el tiempo transcurría y su sueño no se cumplía.
De tanto en tanto, sin embargo, la promesa se renovaba en el corazón de Abraham ya que el cansancio y las dificultades oscurecían su esperanza.
Un poco así es nuestra vida, los sueños nos permiten vivir en la esperanza, que se renueva cada año, ellos alimentan nuestra vida desandada en medio de las fatigas y sinsabores de la vida y entre los destellos de alegrías y plenitudes que son las muestras con que Dios sigue renovando su alianza para con cada uno.
Volver el pensamiento al acontecimiento fundante de nuestra utopía, allí a la sombra del árbol sagrado de cada uno, ciertamente renovará las fuerzas para encarar el 2009.
Feliz Año.

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