lunes, 25 de enero de 2016

PESEBRE


Todo el año se orienta hacia el Pesebre Navideño, es un peregrinar hacia las "fiestas", es en definitiva un ir hacia el pesebre, punto inicial de la fe cristiana.
A su vez cada mañana, esperamos vivir y sentir la presencia de aquel que nos habita, dice el texto evangélico de Juan "vendremos a él para poner nuestra morada en él" (Jn 14,23).
Somos pues "pesebre espiritual", somos en nuestra humanidad, cueva oscura y maloliente, pero somos lugar dónde el Hijo de Dios mora porque nos ama. "No soy digno de que vengas a mi casa" dijo el Centurión. También nosotros podemos pensar así.
Esta "presencia", muchas veces se oscurece porque no vivimos en clave de amor, nuestra existencia es tironeada por la multiplicidad de voces que nos llegan. Voces seductoras que llaman a nuestra voluntad para que traicione nuestro corazón. Mensajes que, endulzados, penetran el subconsciente, conformando una estructura oculta que impacta nuestras decisiones en muchas ocasiones,
Sin embargo es allí, somos aquí, lugar donde Aquel que nos ama, nos elige para "nacer"
El recorrido del día a día, debería ser una gran oportunidad, un viento favorable, para des-cubrir la presencia en nuestro corazón llamado a ser pesebre.
Resulta curioso que cada 8 de diciembre pongamos tantas energías en armar el pesebre material y simbólico. El expresa nuestras búsquedas de armonía y paz, nuestras vivencias interiores y en definitiva también la memoria familiar. En su armado participan también los niños que aportan la magia de su visión inocente, muchas veces con adornos no clásicos y que ponen a prueba nuestra visión a veces estática de esta práctica cultural. Cada uno, cada familia puede leer su  pesebre, él nos habla de historias, de recuerdos, de alegrías y de esperanzas. Además de la belleza del armado, buscamos que nos exprese, que nos proyecte y que hable de nuestros pesebres interiores.
Allí estará hasta el 10 de enero, tal como indica el ritual nacido en viejas tradiciones, o quizás estará más tiempo... no importa, desde allí seguirá apelando a nuestro sentimiento religioso, ayudándonos a recordar la cercanía del Dios con nosotros
Que ese pesebre no sea cáscara vacía, dependerá de cada uno, de sus actitudes y de saber que no estamos solos, porque Jesús hace el con-camina como peregrino nuestro aún en los momentos más difíciles,
En mi caso personal, el pesebre es un faro luminoso, es el que me recuerda la esencialidad de la vida y la simpleza que humaniza. 
Me evoca no solo los tiempos de inocencia y tan felices de la infancia, sino que hoy me ayuda a relativizar el "llamado" de tantos bienes superfluos y me invita al silencio. 
Tengo la certeza que en muchas familias este "monu-mento", irradia una fuerte energía, que lleva a vivir por los menos unos días de mayor comprensión y renovación. Al igual que los altares levantados en lugares especialmente elegidos por el Pueblo de Dios en el Desierto y con la idea de ofrecer sacrificios de acción de gracias,  así también hoy levantamos pesebres en agradecimiento a las experiencias de amor vividas en el año. "Yo vendré y te bendeciré en cada lugar en que yo quiera que se recuerde mi nombre" (Ex 20, 24), vaya si sabemos de estas bendiciones!! 
En la historia estos altares, monumentos, piedras, etc. han sido sitios de peregrinación, como reconocimiento de las misteriosas energías que de allí surgen, que nos curaran o mejoraran nuestras vidas mediante la bendición divina.
Me pregunto, no es acaso el pesebre un  hito religioso doméstico de idénticas valoraciones? 
Cuando realmente ocupa un lugar elegido y refiere su construcción a lo antes señalado, el pesebre ciertamente irradia mucho más de lo que suponemos.
Ojalá sea así.
PESEBRES FAMILIARES






No hay comentarios: