martes, 28 de abril de 2015

Los del camino

Bajo este título se conoció a los primeros cristianos. Hoy nos preguntamos que pasó desde aquel Jesús nacido en un pesebre y sin lugar para dormir, este peregrino sin casa, compartiendo solamente palabras de amor, de esperanza y de vida plena.
En el transcurrir de los años, se fue perdiendo el "estilo Jesús". Sencillez para la libertad.  En su vida cotidiana, en el modo de vivir el culto y la oración. La esencialidad de la existencia que se expresa en "dejarlo todo" y acentuar la fraternidad. En no apropiarnos de nada que pueda torcer, quebrar nuestra humanidad.

Es el mismo Papa que elige el nombre de Francisco de Asís, alguien que entendió lo que le pasaba a la iglesia de su tiempo. Y su vida fue un grito en el desierto cuyo eco aún perdura en la conciencia de muchos seguidores del Nazareno.
La historia de una iglesia poderosa y rica siempre quedará como aquello que no debió haber sido. Aún, sin embargo, perduran quienes añoran aquel pasado de "esplendor y magnificencia"

Cada día se abre ante nosotros el menú de una multiplicidad de bienes de consumo, en su mayoría absolutamente prescindibles. Somos bombardeados por infinidad de mensajes que penetran nuestros sentidos y nos indican el camino de la felicidad a través de un jabón, un celular, una gaseosa o cualquier otra bagatela.

Quieren invitarnos a vivir felices poseyendo, consumiendo. Jesús contrariamente nos dice "no acumulen", no está allí la felicidad. Recordamos al triste joven rico que se acerco buscando respuesta a su insatisfacción, y la contundente respuesta de Jesús invitándolo a des-poseer.

Al muchacho del evangelio le ha pasado lo que a muchos en estos tiempos en donde el consumismo ha puesto a la relación hombre/naturaleza en un estado de caos. Y sino pensemos en la relación directa entre consumo y ecología. Cuestión absolutamente crítica, sin que ello eleve el nivel de felicidad de una sociedad, sino todo lo contrario. 

Jesús nos propone, como diríamos hoy unos "tips" (consejos, sugerencias): la viuda que da lo que tenía para vivir, la mano derecha que no debe saber lo que hace la otra, dar al Cesar lo que es del Cesar, el vaso dado de beber que no quedará sin recompensa, y tantos otros textos que seguramente recordarás. Son toda una invitación a vivir en clave de libertad y fraternidad.

El egocentrismo sobre el que se basa la economía neoliberal, que ha invertido la escala de valores, debe ser superado creativamente por una economía basada en el compartir fraterno, no solo de bienes, sino en el trabajo que dignifica y en una relación armónica con la naturaleza.

Los del camino tenemos mucho que decir a partir de nuestro testimonio silencioso y alegre respecto de la relación con los bienes superfluos, ya que nuestra fuente de inspiración ha sido alguien que vivió potentemente la relación con la naturaleza y los bienes materiales. 

Rompamos pues las cadenas del consumo-alegría-individualismo para salir al encuentro del aquél en quién encontramos "felicidad eterna". Sacudamos de nuestra vida el "fast food" y tantos otros slogan que nos ahogan, para disfrutar de la sencillez en la que vivió el Maestro.




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