martes, 18 de marzo de 2014

Costa Concordia o barca de Pedro

El Papa ha asumido la gigantesca misión de rescatar la barca de Pedro de su hundimiento.
Me viene a la memoria que poco antes de que Francisco asumiera el timón de la barca el día 13 de marzo de 2013,  un día 13 también, pero de enero de 2012, un Capitán,
también de nombre Francisco, pero de apellido Schettino, produjo el encallamiento y hundimiento parcial del crucero Costa Concordia, con 4229 personas a bordo y mucho pero mucho lujo.
El paralelismo me sugiere que Francisco, Papa, asumió la titánica (no Titanic) tarea de evitar el hundimiento de la humilde barca (Iglesia) devenida en un lujoso crucero que navega pomposamente por los mares de la historia contemporánea, con oficiales vestidos de púrpura y solideo.
Creo que el Capitán Francisco I está entendiendo que hay que empezar a tirar por la borda muchas cosas. Tiempo atrás Juan XXIII decía:  : «Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior».
Las múltiples referencias e invitaciones a un retorno a las fuentes pareciera ser una constante. Cito algunas de las muchas que podemos encontrar:
“!Cómo desearía una iglesia pobre y para los pobres!”
“La corte del Vaticano es la lepra del papado. La curia tiene una visión vaticano-centrista y se olvida del mundo que nos rodea. No comparto esa visión y haré todo lo posible por cambiarla”.
“Hay curas tristes y convertidos en coleccionistas de antigüedades o de novedades, en lugar de ser pastores con olor a oveja, en lugar de ser pastores en medio de su rebaño y pescadores de hombres; eso les pido: sean pastores con olor a oveja”.


Jesús decía a los discípulos que no llevaran oro, plata ni cobre... y les advierte del peligro de las riquezas. El nuncio apostólico vive en un Palacio (Alvear y Montevideo), solo por citar uno de los muchos ejemplos que puedo dar.
El papa, la noche de su elección, eludió la limusina papal y viajó en un autobús con otros cardenales que lo habían elegido. Y eligió vivir en la habitación del hotel eclesiástico donde pagó la cuenta. Gestos y palabras en sintonía.
Solicitó que no se haga "turismo papal", que no vayan a Roma y que donen el dinero a obras de caridad. Simplificó los atributos y vestimentas papales. Y por sobre todo, eligió el nombre de Francisco, el de Asís.
 A los consagrados les decía: "sean pastores con «olor a oveja», que eso se note..." Es decir que sean como Jesús pobre, que no tiene siquiera donde reclinar la cabeza.
El Papa entiende pues, que para quedar a flote la institución eclesiástica debe tirar por la borda muchas de las cosas que hoy son un lastre que están escorando la nave, (hacia la derecha?) y no le permiten navegar mar adentro.

En todos y en cada uno está realizar el esfuerzo liberador para recuperar la sencillez primigenia perdida y la frescura evangélica tan buscada. 
Días pasados pidió a los laicos "recen por mi" es decir procuren que lo que digo lo pueda lograr para el bien de todos.

1 comentario:

lidia ruggeri dijo...

Impecable.Una síntesis perfecta del "andar" de Francisco hacia el rumbo elegido. Quiera Dios acompañarlo y hacer que nosotros lo acompañemos. Tal vez sea una de las últimas oportunidades.