Un concepto que escuché días pasados: "los gestos del Papa son los gestos de Jorge/Francisco de 76 años, aún no son los gestos de la Iglesia", en el sentido de que en territorio no se asumen las prácticas que insinúa él.
De todos modos la reforma no es la suma de "concesiones menores". Ella debe incluir: eliminación de las nunciaturas, autarquía de los obispados locales y conferencias episcopales, reforma de la curia, inculturación de la liturgia, abandono de la liturgia imperial, regreso a la mesa y pan en pequeñas comunidades (la eucaristía la hace la comunidad reunida, no es algo exclusivo del sacerdocio), reforma de la ministerialidad, de las obsoletas e infundadas cuestiones dogmáticas y éticas, etc. etc.
El papado centralista-absolutista, el juridicismo clerical y el celibato obligatorio del clero son resoluciones de Gregorio VII, es decir pueden ser modificadas.
Las enseñanzas del Evangelio representan un poderoso desafío al sistema romano: esa estructura de poder centralizada, juridificada, politizada y clericalizada que ha dominado la Iglesia de Cristo en Occidente desde el siglo XI.
De todas maneras la reforma está en marcha a partir del "big ban" producido a posteriori del Vaticano II. Lo cristiano hoy se expresa en multiplicidad de expresiones, comunidades, sin necesidad de una "pertenencia" a la comunidad cristiana-romano-imperial. En esas nuevas expresiones se recupera mucho de la mística y prácticas de las primeras comunidades reunidas en torno a la memoria de Jesús de Nazareth.
Terminada la culpa y el miedo a las religiones, todos hemos sido liberados del cerco religioso tradicional para salir al encuentro de Jesús en amistad y libertad. "Ama y haz lo que quieras".
Pensar la reforma es darle a la comunidad cristiana original, la posibilidad de seguir existiendo so pena de ingresar en la era de hielo.
Sin embargo el movimiento de los indignados de la iglesia o de los huérfanos de la iglesia o como se los quiera denominar, hoy ya se han ubicado en otro paradigma religioso, quizás mucho más cercano a la propuesta revolucionaria de Jesús.
Muchos teólogos asumieron el inestimable desafío de abrir caminos, entre ellos Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ignacio Ellacuría, José María Castillo, José Comblin, Hans Küng, Ariel Alvarez Valdez, Severino Croatto, Rubén Dri, Jon Sobrino, Pedro Casaldáliga, Helder Camara y tantísimos más que seguramente en este momento omito.
Ellos no claudicaron, no se dejaron encadenar por la "inquisición" pero la sufrieron, ellos nos abrieron importantes puertas para respirar el evangelio.
A todos nos toca cada día hacer algo para que Jesús sea artífice de cambios en pos de una sociedad más justa, más fraterna y por lo tanto más humana.
lunes, 16 de septiembre de 2013
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