A cuantos hemos leído "El Viejo y el Mar" de Hemingway, nos resulta impactante ver el valor y la audacia del protagonista, ese viejo pescador, sin nada que ganar o perder, que arriesga su vida en pos de un pez, sólo por el placer de la lucha, del enfrentamiento. La descripción de los tres días que el marinero permanece en alta mar, perdido, peleando con el animal y desafiando las fuerzas de la naturaleza, es de una dramaticidad heroica. Como así también el desenlace, esa derrota última que la propia naturaleza le infringe, como para que al regreso a puerto no quede nada. A veces pienso que mi vida tiene mucho de esta historia, pronto a cumplir los 55 y mirando el camino recorrido, creo que la lucha por una sociedad más fraterna, es un poco así como la pelea con el gran pez, estoy convencido que llegaré al puerto de mi existencia con el esqueleto de lo que pudo ser y sólo yo sabré del esfuerzo y la lucha, de los sinsabores y alegrías, porque llevo en mi las cicatrices y el cansancio del intento.
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Cuando mi vida ponga proa a la Orilla y aparezcan en el horizonte las luces de la costa, dormiré tranquilo... y la Paz será la última palabra anhelada.
.Hasta aquí he disfrutado como el Viejo, de la pelea y del enfrentamiento, he gozado con los pequeños logros, y cuando paré un instante me dí cuenta que me había alejado mar adentro, donde la experiencia de la tormenta y de la noche en la inmensidad, ciertamente que me han hecho dudar, pero no me han vencido, no he aflojado, sigo con la mano firme en el timón, sigo navegando con esperanza y reparo mis "artes de pesca"... y sueño con nuevas travesías... y sigo diciendo que es posible una pesca milagrosa.
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Ojalá que seamos muchos los que día a día venzamos las dificultades, sin desanimarnos de los enormes tiburones, a pesar de las frustraciones y desengaños, que demos pelea... sabiendo que la suave brisa del Espíritu no nos faltará...

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